Mexico and the World
Vol. 13, No 4 (Fall 2008)
http://www.profmex.org/mexicoandtheworld/volume13/4fall08/clementina.html

Clementina Batalla de Bassols, Precursora del feminismo pacifista articulado
Entrevistas de Historia Oral
Por James W. Wilkie, Edna Monzón Wilkie y Rafael Rodríguez Castañeda

Este estudio consta de cuatro partes: l. Introducción, 2. Viñeta, 3. Presentación y 4. Entrevista de Historia Oral de los Wilkie con doña Clementina, esta última editada por Rafael Rodríguez Castañeda. Las partes 1 y 4 son de los Wilkie; la parte 2, de Edna Monzón Wilkie; la parte 3, de Rodríguez Castañda.


El estudio trata del papel de Clementina Batalla como estudiante de derecho en la unam, su posterior papel como esposa de Narciso Bassols y, tras la muerte de su esposo,  como organizadora de grupos de mujeres profesionales a favor de la paz mundial.

1. Introducción


por James W. Wilkie y Edna Monzón Wilkie

Historia de la Entrevista con Clementina Batalla de Bassols


A fines de 1963, Edna Monzón Wilkie, mi esposa, y yo llegamos a México con el propósito de desarrollar un amplio proyecto de Historia Oral cuyo objetivo original fue entender mejor la presidencia de Lázaro Cárdenas, el entorno completo donde surgió y la importancia del sexenio de Cárdenas (1934-1940), comparado con otros, mediante el registro de los testimonios de personajes que hubieran participado en los cambios ocurridos en México después de 1910 y particularmente, de quienes estuvieron en el entorno del presidente Cárdenas. Para realizar este proyecto disponíamos de la beca que nos concedieron el Social Science Research Council (ssrc ) y el American Council of Learned Societies, así como de una grabadora magnetofónica de riel abierto y de cintas para registrar la voz de nuestros entrevistados.


Mi vocación por estudiar la Historia de México se definió desde que cursé en México la licenciatura en ciencias sociales que impartía el Mexico City College (mcc). Durante los años académicos de 1955 a 1959 me llamó la atención la trayectoria y la obra de Lázaro Cárdenas, a la sazón, el ex presidente con mayor autoridad e influencia política, de tal forma que durante mi segunda estancia académica en México, 1960/1961, gracias a una beca que me concedieron órganos oficiales de México y de Estados Unidos mediante la Convención Cultural Interamericana —hoy conocida como Beca Fulbright— investigué a fondo la trayectoria del general Cárdenas, especialmente en Michoacán.


La tesis de maestría que elaboré entonces abordó el conflicto ideológico con la Iglesia Católica que se inició en la época que Cárdenas gobernó Michoacán, 1928-1932 , y terminó en su conflicto ideológico con Plutarco Elías Calles, a quien expulsó de México en 1936.


Un capítulo de esta tesis, que presenté en 1959 en la Universidad de California en Berkeley para obtener la maestría en Historia, se refiere a la educación socialista. Analiza el plan sexenal socialista para la educación, el episodio de la educación sexual que impulsó Narciso Bassols durante el breve período de un año ocho meses en que fue secretario de Educación Pública entre 1932 y 1934, y los métodos educativos de aquel plan, así como las reacciones y contra reacciones que se produjeron, entre ellas la obligada renuncia de Bassols.


Según James Wilkie:


“Narciso Bassols estableció en 1933, en el curriculum de las escuelas secundarias, un curso que llamó ‘Educación Sexual’. Por ese motivo la Iglesia y la Organización de Padres de Familia Católicos lo acusaron de querer pervertir a la niñez.


 “En realidad, Bassols debió haber denominado el curso ‘Higiene Sexual,’ ya que se basaba en recomendaciones de la vi Conferencia Panamericana de Bienestar Infantil realizada en 1930 en Lima, para evitar embarazos, abortos y enfermedades venéreas que ponían en peligro la salud de la juventud. Estas recomendaciones habían sido adoptadas directamente de la traducción de un libro estándar de sociología en las escuelas de Estados Unidos. No obstante, este proyecto fue cancelado y él entonces pasó a asumir otros cargos, como el de secretario de Hacienda (1933-1934) y embajador en la Gran Bretaña (1935-1937).”


Este dato constituyó el primer antecedente que nos condujo a entrevistar a Clementina Batalla Vda. de Bassols. Su esposo había muerto en julio de 1959, pero pensamos que la entrevista con quien había sido su compañera desde la juventud nos podría aportar un testimonio valioso sobre su obra.


De esta manera, la señora Batalla de Bassols fue la única mujer entre las treinta y cinco personas que entrevistamos. Y fue en el curso de las dos conversaciones que sostuvimos con ella como descubrimos la importancia intrínseca de su biografía, como un valor independiente de los datos que nos proporcionó respecto de la vida de Narciso Bassols.


Narciso Bassols fue sucesivamente abogado, político, educador, economista, diplomático y crítico del régimen. Un hombre que rigió su vida mediante una ética estricta cuyo máximo valor fue la honradez. Su comportamiento fue congruente y digno, rígido y puntilloso.


Narciso Bassols murió en 1959 en un accidente muy extraño en la calle. Se dice que iba en bicicleta, cayó y sufrió un golpe fatal en la cabeza. Alguien mencionó alguna vez que existían dudas sobre la realidad del motivo de su muerte, si fue puramente accidental o fue él objeto de un asesinato.


Después de la muerte de su esposo, Doña Clementina logró su propio auge,  según Edna Monzón Wilkie:
“En los ’60 doña Clementina estaba organizando a las mujeres como uno de los diferentes grupos del Movimiento de Liberación Nacional. Muy izquierdista, era líder de varios movimientos femeninos mundiales a favor de la paz, en contra de la guerra, ligados a grupos marxistas. Fue presidenta de la Federación Democrática Internacional de Mujeres y del Comité Provisional Unificador de Mujeres, que pretendía unificar a las mujeres de México, sobre todo a las mujeres de izquierda. En la entrevista se refiere /también a su estancia en Cuba, y su participación en la formación de la Federación de Mujeres Cubanas.”


Clementina Batalla, entonces, fue una precursora del feminismo articulado en México. Fue integrante de una generación de mujeres pionera en las escuelas de educación superior, y después de haber sido alumna destacada en la Escuela de Jurisprudencia, en 1920 fue autora de la primera tesis jurídica sobre el tema del trabajo de la mujer en México, en defensa de los derechos de la mujer.

El estatus de la mujer y el feminismo


La evolución que viene ocurriendo desde hace poco más de un siglo en el estatus y el papel social de la mujer en el mundo es observable desde una doble perspectiva: como parte de la revolución mundial de los patrones familiares y como un proceso o tendencia hacia una mayor igualdad de los sexos en materia de derechos políticos, de acceso a la educación y a las oportunidades de empleo; corrientes que sintetizan expresiones tales como liberación femenina o emancipación de las mujeres.


De esta tendencia general, y para el propósito de contextualizar la obra de Clementina Bassols, nos referiremos a los derechos políticos, es decir, a la tendencia a igualar los derechos de ambos sexos a votar y a ser electos a cargos públicos.


Los primeros países que otorgaron igualdad electoral a las mujeres fueron Nueva Zelandia, en 1893, Finlandia, en 1906, Noruega, en 1913 y Dinamarca e Islandia, en 1915. De forma parcial —es decir, con la excepción de algunos estados—, Australia reconoció el derecho al voto de la mujer en 1902.


En nuestro continente fue un territorio federado de la Unión Americana el pionero en el otorgamiento del sufragio a la mujer: en 1869, Wyoming. Este ejemplo lo siguió el territorio de Utah al año siguiente. No obstante, la lucha por el voto femenino en Estados Unidos fue lenta y frustrante. Los siguientes estados que otorgaron el voto a las mujeres fueron Colorado  en 1893 —el mismo año que Nueva Zelanda— e Idaho en 1896. El primer intento de enmienda a la Constitución federal para reconocer el voto femenino se presentó en 1878, y a partir de éste, se presentaron iniciativas sucesivas en cada congreso, pero tal proyecto de enmienda fue rechazado.


Los estados orientales se resistían a reconocerlo hasta que en 1920 una Ley federal reconoció el voto de la mujer. La Enmienda Constitucional que permitía votar a las mujeres fue ratificada por el Senado ese mismo año y enviada a los estados para que la confirmaran. Este proceso tomó el siguiente cuatrienio, y finalmente en 1924 casi todas las mujeres norteamericanas tuvieron derecho a votar.


La excepción fueron las mujeres indias, a favor de quienes ese mismo año de 1924 fue emitida el Acta de Ciudadanía, de tal forma que todas las mujeres, inclusive las indias, obtuvieron el derecho a votar. No obstante, a las indias no se les permitió votar por los representantes de su localidad hasta 1952, cuando su derecho al sufragio fue liberado de restricciones. 


El primer reconocimiento del derecho a votar a las mujeres y ser votadas en México fue también parcial. Se registró en el estado de San Luis Potosí el 13 de julio de 1923, mediante un decreto que expidió el profesor Aurelio Manrique, gobernador del Estado, para conceder a las mujeres potosinas el derecho al sufragio en las elecciones municipales.


La lucha por la igualdad de derechos políticos fue librada con vehemencia por una minoría contra la firme resistencia de una parte del “establishment” de cada país. En junio de 1946, en el seno de la flamante Organización de las Naciones Unidas se estableció una Comisión sobre el Estatus de la Mujer, una de cuyas funciones fue extremar la causa de los derechos políticos femeninos en todos los países, y en diciembre de 1952, la Asamblea General de la onu adoptó la Convención sobre los Derechos Políticos de las Mujeres, que constituyó el primer instrumento legal de carácter internacional orientado al otorgamiento y protección de los derechos femeninos en el mundo.


Gracias a ese impulso, en México se reconoció el derecho de la mujer al voto de manera limitada en 1947. El 12 de febrero se publicó la adición al artículo 115 constitucional que a la letra decía: “En las elecciones municipales participarán las mujeres en igualdad de condición que los varones, con el derecho de votar y ser votadas.”


La restricción se debió al temor que sentían los políticos de que las mujeres, mayoritariamente católicas, votaran bajo la influencia de la Iglesia.


Finalmente, el derecho pleno al voto, inclusive en las elecciones federales, fue reconocido en 1953.


El 6 de abril de 1952, en su gira por el estado de Sonora como candidato a la presidencia de la República, Adolfo Ruiz Cortines asistió a un mitin donde participaban alrededor de 20 mil mujeres delegadas y representantes de todos los estados de la República. La oradora designada para ese acto, profesora Dolores Duarte Navarro, fue a quien correspondió solicitar al candidato Ruiz Cortines “el reconocimiento al voto para las mexicanas”. En su respuesta, el Candidato dijo: “Si la voluntad del pueblo me lleva a la primera magistratura, ofrezco conceder el voto a la mujer”.


Ruiz Cortines asumió la Presidencia el 1° de diciembre de 1952 y al año siguiente envió al Congreso de la Unión la iniciativa de Ley para reformar los artículos 115 y 34 de la Constitución Política. Esa reforma fue aprobada el 17 de octubre de 1953.
El artículo 34 constitucional dice: Son Ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos:

1. Haber cumplido 18 años, y

2. Tener un modo honesto de vivir.

La versión anterior del texto decía que eran ciudadanos “los mexicanos”. No excluía expresamente a las mujeres, pero daba pie a que subsistiera la inercia que las excluía.


La modificación al artículo 115 constitucional consistió en suprimir la adición hecha en 1947, que resultaba contradictoria frente al reconocimiento de los plenos derechos políticos femeninos.


Desde luego, Clementina Batalla estuvo al tanto de estos y otros cambios en el orden mundial y en México. Sin embargo, entre 1920, año en que contrajo matrimonio con Narciso Bassols, y julio de 1959, el año en que enviudó, se limitó a ser espectadora de este acontecer.


La mayor contradicción observable en la vida de Clementina Batalla es el hecho de haber elegido un camino opuesto al feminismo implícito en su tesis en el momento que se sujetó a la autoridad de su esposo y abandonó el ejercicio de la carrera que estudió. Se dedicó a formar una familia de seis hijos y sólo cuando quedó viuda reanudó sus iniciativas sociales. De esta forma fue dirigente de la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas, la cual presidió durante varios años, y participante  en congresos mundiales por la paz, durante el período de la guerra fría.


Un elemento útil para contextualizar la Historia Oral que doña Clementina Batalla narró en respuesta a nuestras preguntas es el esbozo biográfico que sobre ella ha escrito Rafael Rodríguez Castañeda en la Presentación de las propias entrevistas.


Consideramos un acierto que Rafael incorporara en este esbozo algunos antecedentes familiares de doña Clementina Batalla de Bassols, como los testimonios sobre don Diódoro Batalla, su padre; la descripción de la casa y del ambiente familiar en que se crió, y hasta una impresión sobre la joven Clementina. Incluyó dos: uno, breve, de Ricardo Flores Magón, y el amplio y detallado testimonio de Ezequiel Padilla, cuya autobiografía curiosamente constituye un enlace entre el trabajo historiográfico de Rafael Rodríguez y el de nosotros.


Las citas de Padilla, que aparecen en la Presentación no fueron un hallazgo fortuito: es pertinente advertir que la serie de entrevistas que hicimos a Ezequiel Padilla entre agosto de 1964 y enero de 1965 fueron fundamento y motivación de las memorias que cinco años después Padilla dictó y corrigió de su puño y letra. Suponemos que nuestras conversaciones transcritas, que le entregamos para que las revisara, donde abordó su vida desde la infancia hasta su desempeño como secretario de Relaciones Exteriores, le sirvieron para elaborar la narración de momentos significativos de su vida. Tanto en las entrevistas como en sus memorias la estructura y el orden de los temas son iguales.


Posteriormente, en 1970, Ezequiel Padilla encargó a Rafael Rodríguez y a Lazlo Moussong la organización y puesta en limpio de las páginas que integran su autobiografía hasta ahora inédita , fuente del episodio de su viaje a la Ciudad de México con el propósito de estudiar Derecho, cuando el azar condujo a Padilla ser huésped y protegido precisamente del padre de Clementina Batalla—como se verá más adelante.


Los intereses de Rafael y los nuestros sobre la Historia Oral coincidieron no sólo en la biografía de Padilla, sino también en la utilización de metodologías de registro análogas: varios años antes, tanto él como nosotros tuvimos relación con la obra de Oscar Lewis. La suya fue directa, como alumno, investigador de campo y asistente de investigación en la Universidad de Illinois; la nuestra, igualmente directa aunque no personal: la obra de Oscar Lewis, particularmente su libro Los hijos de Sánchez, constituyó para Edna y para mí un contraste extraordinario de cómo obtener el registro de testimonios orales, cómo editarlos y publicarlos. Lewis eliminó sus preguntas de las entrevistas, utilizando sólo las respuestas de sus entrevistados para presentar la historia de los que llamamos nosotros “los de abajo,” mientras que nosotros optamos por una forma de presentación más fiel a la entrevista, conservando las preguntas y el formato del diálogo y el debate entre historiador y el entrevistado, para captar la historia de “los de arriba”—tarea que en nuestro caso se facilitaba, dado el nivel de preparación de nuestros entrevistados. Lewis grabó el folklore urbano de su tiempo (Popularlore), en contraste con lo que nosotros llamamos Elitelore, tema que se trata más adelante.


La publicación en México de la obra de Lewis fue de enorme utilidad porque estimuló la discusión sobre la metodología de la Historia Oral y sus fines prácticos, al poner bajo los reflectores problemas sociales que el Gobierno no había afrontado y, como pudiéramos haber argumentado entonces, nosotros tampoco, debido a que nuestra interacción se había centrado en la clase gobernante.


Igualmente, gracias al antecedente de Lewis, tampoco tuvimos que encarar problemas como la denuncia que la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia presentó contra Los Hijos de Sánchez bajo el argumento de que este libro era lesivo al país al presentar la forma de vida de miembros de los estratos más bajos de la sociedad, presentación que muchos de sus críticos consideraron pornográfica por las dosis de sexo, pobreza y conductas de supervivencia que encontraron.


Finalmente, en 1994,  Rafael y nosotros entablamos conocimiento gracias al interés de la Universidad Autónoma Metropolitana por reeditar México Visto en el siglo xx, libro en que inicialmente publicamos la Historia Oral  de siete de los 17 personajes a quienes entrevistamos in extenso hace 42 años.


Nos complace decir que nuestra convergencia en el trabajo con Rafael resultó inevitable y que nuestra investigación sobre los líderes que se ubican en la cúspide social ha mejorado gracias a su formación antropológica y literaria.

La Historia Oral de los Wilkie impresa y en el Internet.
Consta de cuatro volúmenes de Historia Oral que la Universidad Autónoma Metropolitana ha publicado bajo la dirección editorial de Rodríguez Castañeda:

I. (1995) Intelectuales: Luis Chávez Orozco, Daniel Cosío Villegas, José Muñoz Cota,Jesús Silva Herzog

II. (2001) Ideólogos: Manuel Gómez Morín, Luis L. León, Germán List Arzubide,
Juan de Dios Bojórquez, Miguel Palomar y Vizcarra

III. (2002) Líderes Políticos: Salvador Abascal, Ramón Beteta, Marte R. Gómez,
Jacinto B. Treviño

IV. (2004) Candidatos y Presidente: Vicente Lombardo Toledano, Juan Andreu Almazán, Ezequiel Padilla, Emilio Portes Gil

Para ver parte de cada tomo publicado en línea (prefacios, introducciones, comentarios por intelectuales distinguidos en la presentación de cada tomo),  véase el Internet (www.profmex.org/webjournal.htm).
Nuestras entrevistas de historia oral nos llevaron a la formulación del concepto de Elitelore, que se define en el libro del mismo nombre. El libro ha sido traducido al español bajo el mismo título “Elitelore” por Jorge Balán (ed.), en Las Historias de Vida en Ciencias Sociales:  Teoría y Técnica (Buenos Aires:  Nueva Visión, 1974, Segunda Parte).

 

2. Viñeta

por Edna Monzón Wilkie

Las entrevistas que sostuvimos con doña Clementina fueron cortas y sorpresivas. En nuestra búsqueda de información sobre la actuación de su esposo, don Narciso Bassols (personaje que jugó un papel relevante en la época de Calles y Cárdenas), nos dimos cuenta de la importancia que tuvo la tarea que ella desempeñó en la lucha por la paz mundial y los derechos de la mujer en México y en el orbe, especialmente después de la muerte de su esposo.

La entrevistamos en su casa en dos ocasiones. Nos recibió con gran amabilidad y se mostró muy anuente a responder a nuestras preguntas. Nos sorprendió que a pesar de su dedicación al movimiento feminista, ella misma no hubiera ejercido su profesión de abogada. Después de haber sido excelente alumna y de haber recibido el aliento de su padre para ser profesionista, optó por dedicarse de lleno a la educación de su familia y al apoyo de su esposo.

Nos pareció que doña Clementina era una mujer segura de sí misma y con convicciones muy definidas, pero a la vez, una persona de gran modestia. En toda oportunidad recalcaba la importancia del papel de su esposo en la Historia de México e insistía que el suyo era secundario.

Era evidente que el apoyo que prestó a la vida política de don Narciso fue determinante, entre otras razones, porque ella estaba plenamente enterada del acontecer político y porque compartió con él sus ideales socialistas.

Nos complace presentar aquí este testimonio de una mujer que los anales de la Historia de México registran como una de las primeras profesionistas y como una pacifista  que abrió brechas para que el futuro de la mujer mexicana fuera mejor que en su tiempo.  

                  

3. Presentación


por Rafael Rodríguez Castañeda

Clementina Batalla Torres nació el 13 de octubre de 1894 en Acapulco, Guerrero. Fue hija de Clementina Torres (1874–1905), originaria de Acapulco, y de Diódoro Batalla Leonis (1867–1911), abogado veracruzano, precursor de la Revolución Mexicana.
La vida de Clementina Batalla estuvo determinada en gran medida por dos figuras masculinas: su padre, quien respaldó su vocación hacia el estudio cuando no era común que las mujeres asistieran a instituciones de educación superior y —menos aún— que cursaran carreras liberales, y su esposo, Narciso Bassols.


Ella misma se describió como “una niña que desde muy chica tuvo mucho interés por las cosas de historia y política. También interesada en la literatura, y muy pequeña, de seis y siete años, cuando empezaba yo a leer, tomaba sin distinción los libros de la biblioteca de mi padre, que eran muy numerosos…”


Su avidez de conocimiento se nutrió lo mismo de novelas y obras de Historia europeas que de la vasta literatura política y poética del liberalismo mexicano; de los periódicos de oposición que editaban Filomeno Mata y Ricardo Flores Magón, así como de aquellos donde su padre criticaba al régimen. A decir de Ángel Bassols Batalla, su hijo,  Clementina Batalla fue “una liberal juarista, legado de los grandes liberales del siglo xix que don Porfirio se encargaba de mandar al diablo, defensora de la justicia y de los derechos humanos.”


Respecto de su temprana vocación y el cauce que tomó, Clementina Batalla concluyó: “De allí vino a mi padre el interés de que yo estudiara una carrera y que también me dedicara a varios estudios.”


Para conocer el ambiente familiar que privaba en casa de la familia Batalla en 1908, conviene conocer la impresión que le causó a Ezequiel Padilla Peñaloza (1889–1971), a la sazón, joven pueblerino que viajó por primera vez a la Ciudad de México para estudiar Jurisprudencia:


“Llegué a la estación de Iguala para tomar el tren con dos maletas como equipaje. Alguien me señaló a un hombre pequeño de estatura, gordo, moreno, de labios pronunciados y de mirada vivaz y me dijo:


“—Ése es el famoso don Diódoro Batalla, diputado en la Cámara de Representantes de México.


“Lo rodeaba mucha gente. Miré al grupo con interés e hice alguna pregunta a un vecino distinguido, quien me atendió con solicitud y me dijo:


“—Don Diódoro Batalla es un hombre de poderosa palabra, gran tribuno y además un notable abogado; ha venido a Iguala a enfrentarse al hombre más rico de esta ciudad, quien está divorciándose. Don Diódoro defiende a la esposa. El señor Rivera que es multimillonario, la acusa de adulterio y don Diódoro dice: «Es curioso mi papel de abogado; este señor Rivera está empeñado en decir que es un cornudo y yo vengo a los tribunales a decir que no lo es».


“Mi interlocutor me preguntó si iba yo a México.


“— Sí, le contesté; ya tengo aquí mi boleto de segunda.


“—¿Estas maletas son de usted? —me preguntó.


“— Sí señor—repuse— son mi equipaje.


“— Entonces —me dijo— convendría que buscara usted una persona que le llevara una de sus maletas porque si se presenta con las dos, van a cobrarle una suma extra, pues sólo se permite llevar un bulto.


“Le di las gracias. Cuando él se despidió quedé pensativo. Decidí resolver mi problema cuando vi a un hombre de bondadosa apariencia sentado en los estribos del carro. Me acerqué, le expliqué mi caso y le pregunté si él, que no llevaba equipaje alguno, podría ayudarme a pasar una de mis maletas. El hombre me miró y me dijo:


—No puedo joven. —Un tanto cohibido le pregunté por qué.


“—Porque soy el conductor  —me contestó. Alguien se dio cuento del incidente y corrió la graciosa ocurrencia, que pronto llegó a los oídos de don Diódoro Batalla, quien me llamó y me dijo:


“—Muchacho, yo te voy a llevar la maleta.


“Pasamos al tren y me hizo subir en primera clase, me sentó cerca de él y se interesó por conocer mi vida…”


A su vez, Padilla conoció también a su interlocutor:


“No obstante su falta de prestancia física, en don Diódoro Batalla se operaba la transfiguración que aparece en todos los grandes artistas cuando se elevan a la magnitud de su arte: don Diódoro era un tribuno. Poseía una cultura histórica general extraordinaria; dominaba sobre todo los puntos culminantes de la oratoria a través de los tiempos. Cuando hablaba, resaltaba el brillo de sus oíos prominentes, saltados y expresivos, con el vigor muchas veces borrascoso de su pensamiento. La fuerza de su locución era siempre animada y llena de pasión. Manejaba la ironía admirablemente. Era maestro en la sátira, temible cuando exponía sus réplicas…


“Después de un largo día de camino, llegamos a México en la noche. Entonces don Diódoro Batalla me dio una gran sorpresa:


“— Toma tu equipaje —me dijo— vas a vivir en mi casa.


“Don Diódoro me llevó personalmente a inscribir en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.


 “La casa de don Diódoro Batalla estaba en Mixcoac. Era una casa sencilla, alegre, de un solo piso, con jardín y varias recámaras. A mí, que había vivido siempre en casas muy humildes, me pareció que aquel era un recinto palaciego.


“De los moradores de la casa, quien más me impresionó fue doña Soterita, madre de don Diódoro. Él era un hombre feo, pero aquella viejecita era una belleza de finos rasgos y toda llena de bondad. En esa casa dejé de ser Cheque y todos me llamaron Padilla. Doña Soterita oyó de su hijo don Diódoro la invitación que me había hecho para vivir con ellos y desde que entré se mostró encantada: —Padilla, aquí voy a ser tu mamá —me dijo. Son palabras inolvidables.


“La familia estaba constituida por ella, don Diódoro, su hijo del mismo nombre, su sobrina Lucrecia y Clementina, quien desde niña fue una muchacha concentrada, distinguida e inteligente. Con el tiempo fue la esposa de un hombre eminente de México: don Narciso Bassols.


“Lucrecia, desde que la conocí me pareció una verdadera belleza; su carácter abierto y grácil nos acercó a un fino sentimiento de fraternidad; en cambio Clementina me mantuvo a mucha distancia de ella.”


A sus 14 años Clementina se interesaba vivamente en la política; no sólo leía los artículos que don Diódoro escribía; asistía a la Cámara de Diputados para presenciar las intervenciones de su padre. En 1910 ingresó a la Preparatoria.


“En la Escuela Nacional Preparatoria —narró— estudiábamos mi marido y yo, pero no nos conocimos; yo llevaba un año adelante… Pudiéramos decir que estuvimos juntos en la Escuela Preparatoria sin habernos conocido.


Padilla hizo también una breve descripción del despacho y de las actividades políticas de Diódoro Batalla:


“A los dos o tres días de mi llegada a México, cuando con mis escasos recursos ya me había comprado un trajecito digno de una buena presentación, don Diódoro Batalla me dijo:


“—Vamos a la ciudad de México, porque te voy a llevar a mi despacho; allí vas a trabajar.


“El despacho de don Diódoro no era lujoso ¡pero qué sitio para un pueblerino recién llegado! Allí estaban asociados tres grandes hombres de México; un orador ático, símbolo de la elocuencia, don Jesús Urueta ; un abogado eminente de gran prestada y político brillante, don Rafael Zubarán y don Diódoro Batalla, un tribuno del pueblo, un hombre, como me lo dijo mi interlocutor de Iguala, de poderosa palabra.


“Era agresivo. Imponía pavor a sus enemigos, actitud que contrastaba con su naturaleza paternal y tierna en el seno de su hogar.


“Don Diódoro Trabajó activamente en la organización de los partidos maderistas y, muy en particular, en el Partido Democrático. Murió en el preámbulo de la Revolución. Si hubiera vivido habría figurado como uno de sus conductores.”


El testimonio de Padilla alude a la activa trayectoria de Diódoro Batalla en la oposición, lo mismo como impulsor de asociaciones contra el régimen de Porfirio Díaz —entre ellas el Club Liberal Reformista, fundado en 1901—; como autor de artículos en los periódicos “El Intransigente. Periódico sin subvención”, “La Nación”, “El correo de México”, “México nuevo”, “El paladín”, “El Partido Democrático”, que como combativo orador cuando figuró como Diputado Federal por Veracruz, en 1909 y 1911. Sus discursos influyeron en forma concreta a que el anciano dictador renunciara.


Ricardo Flores Magón escribió  también frases categóricas sobre Diódoro Batalla en “Regeneración”: “Tiene todos los recursos del verdadero orador. Talento fecundo e imaginación maravillosa. Batalla es, sin duda, el mejor orador de la República; odia las tiranías como buen veracruzano. Fustigó (en el Congreso potosino) el servilismo que se asoció para formar el círculo de amigos del Presidente. Tuvo frases de aliento para el pueblo, a quien le recordó que era libre y debía erguirse para reclamar sus derechos. Recordó las palabras de un pensador ilustre: los tiranos nos parecen grandes porque los vemos de rodillas ¡levantémonos!


A la muerte de su padre, ocurrida el 4 de julio de 1911, Clementina Batalla se vio obligada a suspender temporalmente sus estudios “porque económicamente quedamos ya un poco mal.” Su madre había muerto seis años antes y ella se dedicó a dar clases para sostener a sus hermanos menores y a sus sobrinos. “Pude haber estudiado una carrera más corta, pude haber estudiado para maestra, que también me gustaba; pero yo, siguiendo el consejo de mi padre y su deseo, seguí y terminé la preparatoria y entré a la Escuela de Derecho.”


Clementina Batalla no se propuso hacer su autobiografía, no obstante, en el artículo que escribió en homenaje a Narciso Bassols titulado “Aspectos de su vida” , dejó de manera indirecta un nítido trazo biográfico


“Conocí a Narciso Bassols en los años de 1916, cuando empezamos a asistir a la clase de Sociología que en la Escuela Nacional de Jurisprudencia comenzara a impartir brillantemente el licenciado don Antonio Caso. Bassols había terminado la Preparatoria dos meses antes; yo, por diversas circunstancias, aunque alumna de Leyes desde el [año] anterior, era discípula del licenciado Caso en aquella materia, que pertenecía al primer año de la carrera de abogado.…


“Por 1916 [Bassols] habitaba en Coyoacán, en donde era juez su padre. Allí presenció cómo los soldados revolucionarios entraban y salían y muchas veces impedían el viaje a la ciudad de México, cuando los trenes quedaban abandonados. Fue una época de carestía, de inseguridad, pero no se interrumpían los estudios, por lo que, al finalizar 1915, Bassols terminó la Preparatoria, en cuya ceremonia de entrega de certificados, hizo por primera vez gala de su elocuencia y talento.


“De estos aspectos de su vida platicábamos, al hacer a un lado los libros de Sociología. Yo, entonces, contaba de mis responsabilidades —adquiridas prematuramente—, de mis hermanos a los que educaba, de mi deseo de acabar pronto la carrera.


“Ya al empezar su cátedra don Antonio Caso se dio cuenta de que tenía que impartir sus enseñanzas a muchachos inteligentes con los que simpatizó desde luego, que lo admiraban y oían sus clases con el mayor recogimiento. Pronto le fueron familiares muchos nombres y el de Bassols entre ellos. Todos estudiábamos afanosamente y nos entusiasmaban las discusiones en las que Bassols probó su capacidad. Al poco tiempo de terminar la cátedra, don Antonio le entregó a Bassols una carta que dice: “En el año académico de 1916 Narciso Bassols fue el más distinguido de mis alumnos, por su clara inteligencia y su dedicación ejemplar”.


“Pero nuestras vidas a partir de entonces y por un plazo largo, debían separarse. Al mismo tiempo que sentados uno al lado del otro como lo habíamos estado durante meses, hacíamos el trabajo final, Bassols me dijo unas cuantas palabras que yo contesté negativamente. Muchas veces en nuestra sana y amable amistad me había yo preguntado si duraría mucho tiempo; a veces me asustaba su asiduidad y creía ver en ella algo más que el afecto de un amigo, pero yo misma alejaba esa idea. Tres años mayor que él, me daba miedo comprometer su cariño, con algo disparejo; le propuse alejarnos por un tiempo. Sin embargo, nos seguíamos viendo de cuando en cuando. Supe que iba y venía a Aguascalientes, trabajando en una campaña electoral que al fin se ganó; su polémica sobre el tema: “Quiénes tienen derecho a gobernar, los revolucionarios o los no revolucionarios”, la ganó en el teatro Principal de Aguascalientes. Después, trabajaba en un empleo modesto para tener algún dinero.


“Al principiar 1918 yo cursaba 49 año y él 3°, resueltamente me dijo una tarde, con su tono autoritario: “Voy a hacer la carrera en cuatro años y a llevar materias de 4° contigo. Estudiaremos juntos de nuevo”. Así fue, en la compañía de Joaquín Álvarez Icaza empezamos a estudiar unas veces en la escuela y otras en el despacho del padre de Joaquín.


“Bassols tenía ya en la escuela .de Leyes una posición destacada: tenía amigos y enemigos, pero todos reconocían su capacidad. Fue Presidente de la Sociedad de Alumnos de la escuela e hizo los Estatutos de ella; estuvo a punto de batirse con uno de sus mejores amigos; influyó en la elección de delegados estudiantiles para Sudamérica y gracias a su actividad salieron para allá el grupo de muchachos que se incorporaron a nuestras legaciones en los países sudamericanos. Se había transformado; era ya un hombre. Había crecido, peinaba ya su rebelde cabellera, era más cuidadoso en el vestir, pero continuaba teniendo el carácter alegre e inquieto de siempre. Al finalizar 1918, mientras yo terminaba 4º año, él presentó cuatro materias de ese mismo curso y en 1919 quedamos inscritos los dos para ese año y volvimos a estudiar en compañía de Álvarez Icaza.


“En los últimos días de marzo, formalizamos un noviazgo que terminó con nuestro matrimonio en septiembre del año siguiente. Todos mis escrúpulos los venció Bassols uno a uno; para todo tenía respuesta. Mi cariño era tan grande como el suyo. En la Escuela, naturalmente, se supo nuestro compromiso; pero aquellas relaciones a la vista de todos fueron siempre respetadas. Comenzó entonces a persuadirme de que terminados mis estudios, al recibirme de abogada, debería abandonar mis actividades y dedicarme al hogar. Poco duró la lucha en mi interior y contra las opiniones de mis cercanos parientes y amigos, empeñados en que yo siguiera el trabajo que había emprendido desde 1909, prometí hacer todo a un lado y aceptar el cariño bueno y sincero que Bassols me ofrecía y al que correspondí con mi amor y mi adhesión de toda la vida.


Se trató, sin duda, de una decisión discutible y contradictoria. Ángel Bassols la explica en estos términos: “…esos años veintes, y hasta los treintas, pues era vivir en el México semipatriarcal que apenas la Revolución había conmovido, pero en el cual había costumbres, y la mujer  no trabajaba. No sólo ella [Clementina Batalla], es que no trabajaba casi ninguna. Quiero que me digan a mí en qué trabajo doña Amalia Solórzano de Cárdenas, pues en nada; en su casa, en Los Pinos y se acabó. Ésa era la costumbre. No se le puede reprochar al licenciado [Bassols] que haya impedido que ella trabajara, eso es falso. Simplemente nadie. Las esposas de Lombardo Toledano, ¿dónde estuvieron?, en ningún lado. ¿Por qué?, porque no se usaba. Los derechos de la mujer estaban pisoteados, no les daban, no se reconocían y entonces simplemente era la costumbre.


Continúa la narración de Clementina Batalla:


“Bassols empezó en 1919 a dar clases en la Escuela Nacional Preparatoria con el entusiasmo que le caracterizaba, a jóvenes poco menores que él. Ese mismo año, en unión de Álvarez Icaza, estableció un despacho en la calle de Tacuba, para empezar a ejercer su profesión. Nos examinamos de 5° de Leyes. Tuvo un gran éxito y muy buenas calificaciones. En febrero del año siguiente tuve yo mi examen profesional y él en mayo. El 10 de septiembre de 1920 contrajimos matrimonio civil y religioso, acto este último que se celebró accediendo a los deseos de nuestras familias y fuimos a vivir a una casita en la privada del Álamo, por Santa María; a partir de entonces mi actividad se concentró en nuestro hogar, en mi marido y en los hijos que pronto empezaron a venir.


El matrimonio Bassols Batalla tuvo seis hijos: Clementina (1921-1988), quien fue maestra normalista; Narciso (1922) ingeniero petrolero; Ángel (1925), geógrafo y profesor universitario; Carmen (1926), maestra de idiomas; Aurelia (1927) licenciada por el Instituto Politécnico Nacional en Medicina Rural, e Isabel (1929-1995), bióloga.


 “Pero es natural que aquel cuerpo en el que alentaba una gran voluntad, agotado por los años de estudio y el desgaste de energías en un hombre dinámico por temperamento, acabara por enfermar; vino un periodo de lucha enérgica, como todas las que emprendió en el futuro, para fortalecer el cuerpo y poder entregarse al trabajo. Con escrupulosidad diaria, con la voluntad de quien quiere vivir, Bassols y yo emprendimos la lucha para vencer sus males: con gran tenacidad, no dejando pasar un minuto de la hora indicada para los medicamentos, practicando deportes que no conocía, iniciando caminatas que lo agotaban, pero a las que se fue acostumbrando, la salud de Bassols fue cada día mejor hasta llegar a permitirle trabajar sin descanso. Por poco tiempo tuvimos una sencilla y reducida vida social con amigos, compañeros de la Escuela de Leyes, parientes, viviendo tranquilos y seguros de nuestro cariño.


Entre 1921 y 1925 Narciso Bassols dio clases en la Escuela Jurisprudencia y atendió su despacho de abogado, actividades que interrumpió para ser, primero, consultor del Departamento de Salubridad, y después al ocupar la Secretaria General de Gobierno en el Estado de México con el gobernador Carlos Riva Palacio; cargo que ocupó por breve tiempo, durante el cual su familia se mudó temporalmente a Toluca.


En 1927, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, Bassols redactó la Ley Reglamentaria del artículo 27 constitucional en materia agraria y al poco tiempo publicó su obra La nueva ley agraria:. En febrero de 1929 fue nombrado director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, cargo que aprovechó para mejorar el nivel de los alumnos de la Facultad mediante un nuevo el plan de estudios, programas, reglamentos y un sistema de reconocimientos trimestrales. Mas estos cambios originaron una huelga de estudiantes que resistió con energía, antes de verse obligado a renunciar a la dirección y desligarse de la Universidad.


Este período sirvió a Clementina Batalla para describir su circunstancia familiar y las convicciones de su esposo:


“Nuestra situación económica, gracias al trabajo de mi marido, fue mejorando, cosa necesaria porque tuvimos a nuestros seis hijos en ocho años. Comenzó a hacerse su educación en las escuelas oficiales, vigilando sus estudios y reduciendo a lo estricto sus necesidades materiales. Una vez tuve yo la idea de desear tener una casa propia. En las largas caminatas nocturnas que hacíamos por las desiertas calles de la colonia Roma, me declaró su decisión inquebrantable de no ser nunca propietario de una casa, con estas palabras: “Nuestra posición en la vida, Clementina debe ser ésta: nada nuestro; a nuestros hijos educación, manera de ganarse la vida, igual a hombres que a mujeres, pero herencia no. Yo no nací para capitalista”.


“Me convenció y no volví a, tocar el tema. De esa manera la educación de nuestros hijos, cuando la carrera política de mi marido lo convirtió en un trabajador incansable, me quedó encomendada sobre la base que concertamos en 1919. Siempre les hice entender, desde pequeños, lo que significaba la honradez de su padre y esa enseñanza tuvo los frutos de una profunda comprensión, apoyo y cariño mutuos.”


En 1930-1931, intervino en la redacción de la Ley sobre la Liquidación de los Antiguos Bancos de Emisión establecidos desde la época del general Díaz, cuya Comisión Liquidadora presidió. El presidente Ortiz Rubio lo nombró en octubre de 1931, Ministro de Educación, puesto que le confirmó Abelardo Rodríguez al asumir la Presidencia, y desempeñó hasta mayo de 1934. Impulsó la educación rural y tuvo la osadía de denominar como “educación sexual” a un programa de enseñanza de higiene personal, dirigido a los jóvenes. La reacción se le fue encima por tal atrevimiento, así como por su iniciativa de modificación al artículo 3° Constitucional. Bassols presentó su renuncia al general Rodríguez en un documento donde exponía sus razones. El general Rodríguez contestó reiterándole su confianza, pero debió aceptar la renuncia irrevocable en Educación, de modo que el mismo día, 9 de mayo de 1934, lo hizo cargo del Ministerio de Gobernación, mas sus opositores lo siguieron impugnando y en consecuencia, en septiembre se separó del Gobierno que estaba por concluir.


“Al triunfar el señor general Cárdenas —continúa Clementina Batalla — en las elecciones que se efectuaron en 1934, para Presidente de la República, llamó a Bassols en su primer gabinete, encomendándole la cartera de Hacienda. Allí, con personas honradas y honestas como colaboradores, trabajó sin descanso los primeros siete meses del régimen cardenista. La salida del general Calles, condicionó también su salida de Hacienda. Las razones políticas que provocaran su renuncia no me corresponde exponerlas, pero sí debo decir que no por el hecho de apartarse de la Secretaría de Hacienda perdió la confianza y la estimación del general Cárdenas, quien poco después lo nombró ministro de México en la Gran Bretaña y delegado a la Sociedad de Naciones.


“Nuestra vida familiar, desde los puntos de vista económico y social, no tuvo mayor modificación a partir del nombramiento de mi marido como Secretario de Educación. Nos trasladamos a San Ángel, buscando él un lugar de descanso para sus horas libres y para nosotros una casa amplia con objeto de que nuestros hijos vivieran su misma vida de austeridad y estudio. Pocas cosas cambiaron: todos siguieron usando trenes para trasladarse a las escuelas secundarias del gobierno. Mañana y tarde llenaban sus horas con el estudio.


“Los continuos viajes de Bassols hasta los más apartados lugares de la República nos hicieron vivir casi solos en nuestro mundo de San Ángel. Esto tomó mayores proporciones cuando, iniciando la carrera diplomática, mi marido pasó largas temporadas en Europa —de noviembre de 1935 a principios de 1937— y yo lo acompañé varias temporadas. La firme voluntad de no envolver en viajes a seis muchachos y distraerlos, desarraigándolos del medio nacional, lo llevó a esta conclusión: “Permitir que nuestros hijos compartan mi vida diplomática, sería contrario a mi manera de concebir su educación. Llevarlos a un medio económico en el que no han crecido y en el que no vivirían después, los hará perder el tiempo y la simplicidad a que están acostumbrados. Dejémoslos tranquilos”. En una sola ocasión y de paseo, nuestros hijos mayores hicieron un corto viaje a Inglaterra; de Veracruz fueron a Southampton, cuando sus edades variaban entre los doce y los quince años. En esa ocasión se negó a recibir de la Secretaría de Relaciones el importe de los pasajes de sus hijos. La vida política de Bassols, en suma, no significó para nosotros el menor enriquecimiento. Fue importante su labor en Londres y sobre todo en Ginebra, en donde, como representante y a nombre de México, en la Sociedad de Naciones hizo la defensa de la causa de Etiopía, en contra del injusto ataque de la Italia fascista.


“Muchos años después, el gobierno de Etiopía le concedió una condecoración —la única que aceptó—, y para usarla el Congreso de la Unión le dio permiso públicamente. A pesar de lo que afirmaron sus enemigos de la prensa, mi marido observó la más estricta rectitud en todos los momentos de su actuación diplomática. Pero acabó por comprender que le era imposible vivir lejos de México y volvió a su país.


“Aquí, en 1937 fundó la Editorial Revolucionaria dedicándose a traducir libros importantes de economía y política. Sin embargo, volvió a abandonar México, y fue a España a vivir con los republicanos los buenos y los malos tiempos: estuvo en el frente de Madrid, sufrió los bombardeos en Barcelona, contempló entristecido las derrotas de la causa republicana. En París recibió Bassols un telegrama en el que el general Cárdenas lo nombraba Ministro en Francia. Entonces pasé con él la más larga temporada fuera del hogar. Presencié su trabajo ininterrumpido para sacar de campos de concentración y cárceles a españoles leales, embarcarlos para México y asilarlos aquí. Por las manos de Bassols pasó el dinero que sirvió para el traslado de españoles y los documentos que existen en su archivo atestiguan su honradez intachable.


Narciso Bassols volvió de Francia en 1940, después de renunciar al cargo diplomático, y fundó, con un grupo de amigos, el periódico Combate. En esta época Clementina Batalla y su esposo zanjaron una diferencia doméstica mediante la separación. Narciso Bassols se mudó a un departamento durante algunos meses. Dos años después, hacia 1943, incurrieron en un distanciamiento similar, cuando Bassols trabajó en la Liga de Acción Política y presentó su candidatura independiente a la diputación por Tacubaya, junto con Víctor Manuel Villaseñor (1903–1981) y José E. Iturriaga (1914). No les reconocieron el triunfo electoral.


A fines de 1944, el presidente Ávila Camacho lo nombró embajador en la Unión Soviética, hacia donde partió dando un largo rodeo, debido a las condiciones de la II Guerra Mundial, y que lo llevó, acompañado por su hijo Ángel y por Arturo Martínez Adame, por Estados Unidos, África e Irán. Una vez que concluyó la guerra, Clementina Bassols alcanzó a su marido durante un tiempo.


Después de su retorno al país, en mayo de 1946, únicamente desempeñó un cargo oficial más, durante el período 1953-54, como consejero del presidente Ruiz Cortines. Antes y después ocupó su tiempo en leer, redactar artículos periodísticos y conferencias, y asesorar a sus amigos. También intervino en la fundación del Partido Popular.


Tomando como punto de referencia su casa de Tacubaya, en la que vivió 16 años, Clementina Bassols hizo el siguiente resumen:


“… Desfilaron por aquí multitud de personas que deseaban oír su opinión sobre los asuntos que conocía. Aquí reía estruendosamente con propios y extraños él, que por prescripción médica no debía esforzar la voz. Aquí pasó una vida austera de trabajo que empezaba a las nueve de la mañana y terminaba con la noche, y en la que siempre, la lectura de libros y periódicos le absorbían tanto tiempo. De aquí partió con algunos amigos y con sus hijos, ya todos mayores, a largas caminatas por el Distrito Federal, agotadoras y fructíferas. Desde aquí continuó su peregrinar por las tierras mexicanas a completar los amplios conocimientos que poseía del territorio y la realidad de su patria. De aquí salió en rápidos viajes a Europa y Asia para asistir a las sesiones del Congreso Mundial de la Paz, en su calidad de miembro del Buró, desde septiembre de 1958. Desde aquí reanudó, en el último año de su vida, los paseos matutinos en bicicleta. De aquí salió una mañana para no volver jamás.


El 24 de julio de 1959, Narciso Bassols había salido a dar su paseo rutinario, al caer sufrió un golpe fatal en la cabeza.


“Durante 39 años tuve el privilegio de llevar, al lado de Narciso Bassols, una vida de dignidad y honradez en la que nuestros puntos de vista diferentes fueron resueltos siempre con cariño y respeto.”


“Gocé de la compañía de un hombre inteligente, humano, capaz de entender la vida, amarla y sacrificarse por seguir una línea ejemplar, una norma invariable de conducta, logrando vencer las tentaciones que doblegan el alma humana, a través de toda una vida.


“Fue honrado y no enriqueció a pesar de las oportunidades que para hacerlo tuvo. Honrado de la relación que sostuvo conmigo durante los años de nuestro matrimonio. Honrado, enérgico pero a la vez comprensivo en el trato con nuestros hijos. Honrado y leal con sus amigos. Honrado con México, al que dedicó su vida, cuyo territorio conoció palmo a palmo, al que volvía siempre, sin que lo deslumbraran las situaciones transitorias de que gozaba y en el que nunca perdió la fe.


“Dar más detalles íntimos de su vida que pasó por mis ojos y quedó en mi corazón, sería traicionar los delicados sentimientos que fueron uno de los mejores aspectos de nuestra vida común. Los guardaré como su único legado, para consuelo de mis días de soledad.”


Los días de soledad de la señora Bassols se prolongaron durante los siguientes 28 años, cuyos primeros lustros dedicó a la participación política activa que narra en las entrevistas con James y Edna Wilkie, a escribir artículos y realizar actividades organizativas, mediante las cuales reanudó la atención a inquietudes que la motivaron en sus años de estudiante de Jurisprudencia.


“Mi madre —observa Ángel Bassols Batalla— era una combinación entre sentimiento y decisión. No hay que ver solamente el aspecto político de su vida, sino cómo era ella, una persona muy sensible a las cosas tanto de tipo personal como de la familia y del mundo. Estuvo cerca del General [Cárdenas], y después, cuando el Movimiento de Liberación Nacional, también estuvo muy cerca del General, y hasta su muerte.”


El Movimiento de Liberación Nacional en México surgió en 1961, con Lázaro Cárdenas (1894–1970) a la cabeza y el apoyo de organizaciones obreras y campesinas, grupos de intelectuales y profesores universitarios para presionar al Gobierno y preservar, de esta forma, los principios de la política exterior —el de no intervención y de respecto a la autodeterminación de los pueblos, principalmente— que flaqueaban ante las presiones de Estados Unidos para alinear a México en su política contra la Revolución Cubana.


Los artículos y discursos que Clementina Batalla escribió fueron recopilados en un libro que Ángel Bassols publicó en 2002 bajo el título de Cruzada por los derechos de la mujer y el niño. Por la paz y la amistad entre los pueblos. Clementina Batalla Torres de Bassols. Vida y obra.


Clementina Batalla murió el 8 de noviembre de 1987 en Guadalajara, Jalisco, a la edad de 93 años. Sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México y sepultados en el Panteón Jardín, al lado de su esposo.


Circunstancias de la entrevista


James W. Wilkie y Edna Monzón conversaron en dos ocasiones con doña Clementina Batalla Torres, viuda de Bassols, el 8 de abril y el 6 de mayo de 1964. Corría el cuarto mes de trabajo intensivo durante la etapa de registro de entrevistas de Historia Oral del proyecto que realizaron en la Ciudad de México bajo el auspicio conjunto del Social Science Research Council (ssrc ) y el American Council of Learned Societies, instituciones de las cuales fueron becarios.  


Las siguientes páginas, por tanto, son resultantes de la transcripción del material magnetofónico que James y Edna Wilkie recopilaron entonces, como parte de su amplio programa de registro de Historia Oral que incluyó a 35 personas. La mayor parte de ese material se encuentra publicado en una serie de cuatro volúmenes titulada Frente a la Revolución Mexicana, 17 protagonistas de la etapa constructiva, que la Universidad Autónoma Metropolitana publicó entre 1995 y 2005 . De manera que a las 1,700 páginas de Historia Oral sobre la Revolución Mexicana habrá que agregar las que ahora publica en Internet la Revista Mexico and the World.


La semana anterior a la primera entrevista con Clementina Bassols, James y Edna habían registrado la Historia Oral de Francisco Javier Gaxiola, el 2 y el 7 de abril de 1964, y durante los 28 días que mediaron entre ambas pláticas con la señora Batalla de Bassols, conversaron con Daniel Cosío Villegas, los días 8, 21 y 30 de abril; con Marte R. Gómez el 16 de abril; con Jesús Silva Herzog los días 21, 28 de abril y 5 de mayo, y con Miguel Palomar y Vizcarra, los días 29 de abril y 1° de mayo.
El mismo 6 de mayo en que dieron por concluido su trabajo con Clementina Batalla Torres, única mujer participante en este proyecto, sostuvieron su primera entrevista con Vicente Lombardo Toledano, en medio del inicial clima de suspicacia en que Lombardo puso a funcionar una segunda grabadora para disponer de su propia cinta magnetofónica con el registro de sus declaraciones.


Desde hacía cinco meses, los Wilkie estaban embalados en su programa de registros de Historia Oral, circunstancia que les facilitaba plena comprensión de las declaraciones que registraban gracias a la gran familiaridad con asuntos, datos y fechas de la Historia de la Revolución y de la política reciente del país, y les permitía, además, conducirse con fluidez durante las entrevistas. Salvo raras excepciones, identificaban a los personajes que los entrevistados mencionaban, cuando no poseían conocimiento suficiente sobre las vidas y trayectorias públicas de estos.


Por su parte, doña Clementina Batalla culminaba su séptimo decenio y se acercaba a su quinto año de viudez. Don Narciso Bassols había muerto a la edad de 61 años, en julio de 1959. Ella quedó al frente de una familia de seis hijos, de los cuales, la mayor tenía 38 y la menor 30 años respectivamente.


Como Clementina Batalla lo expone, a la sazón pertenecía a diversas agrupaciones de mujeres, de las cuales, presidía el Comité Provisional Unificador de Mujeres, que pretendía unificar a las mujeres de México. Esta aspiración culminó posteriormente, cuando formó la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas .  

La perspectiva de México y del mundo en 1964
Al recapitular la formación ideológica de sus padres, Ángel Bassols Batalla apunta: “Es obvio que ella se formó en la época de la Revolución, tanto su ideología como sus experiencias. Para 1917 mi madre tenía nada menos que 23 años, y obviamente siguió todos los acontecimientos, las luchas de los liberales, digamos, de lo que después se llamó “la izquierda”; de Mújica , del general Jara , toda esa gente. Tuvo mucha amistad con el general Jara, en cuyas fuerzas militó también uno de sus hermanos, llamado también Diódoro Batalla, que murió en combate cerca de Chalco, en el estado de México.


“Pero en el año 20 entramos en la etapa de nuevas ideas, que ya no vienen sólo de la Revolución Mexicana sino de las otras revoluciones que sacudieron al mundo, entre ellas la Rusa, que es la más importante. Por eso, hablar de que era socialista en el año 20 es un absurdo. Ni siquiera mi padre, a quien por cierto, llamaron marxista cien por ciento. Yo dije: creo que al 49% podía haber sido, pero eso de 100% nunca. Además, él nunca se declaró ideólogo marxista. Fue aprendiendo del marxismo, que es una forma de entender el mundo más que de copia de una ideología.


“Lo que aprendía mi madre, los ideales que llegó a tener, los defendía a muerte. Era una persona de carácter, pero seriamente firme. Podía tener a algún pariente cercano que no comulgara con ella y se llevaban perfectamente, pero que no le tocaran el otro punto.


 “Después continuó con los mismos ideales y con la misma ideología, incluso afinándola más todavía por la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de España. El cardenismo influyó mucho en mi madre.”


A partir de esta cosmología y de los principios éticos que compartió con su esposo enfocaba los acontecimientos del país y del mundo. Observo con lucidez la naciente inquietud de las mujeres por organizarse y por asumir un papel social activo.


En la ineludible periodización sexenal de nuestra Historia, durante el primer semestre de 1964 México vivía un ambiente análogo al de este principio de 2006, cuando se despliegan las campañas políticas previas a las elecciones federales del primer domingo de julio. La gran diferencia a 42 años es que entonces a nadie le cabía la menor duda de que el sucesor de Adolfo López Mateos en la Presidencia de la República sería Gustavo Díaz Ordaz, a la sazón, candidato del pri en campaña desde el último trimestre del año anterior.


Es obvio el contraste de la óptica a posteriori desde la cual apreciamos los acontecimientos del sexenio que comenzó en diciembre de aquel año, y la de Clementina Batalla, dos meses antes de las elecciones. A pesar de todas sus reservas, ella conservaba una imagen positiva sobre la persona del ex Secretario de Gobernación, entonces candidato presidencial.


En la perspectiva de Clementina Batalla estaba también la lucha contra la guerra fría, aunque este afán se expresara con otras palabras: la lucha por la paz. En tal empeño subyacía algo que corre el riesgo de sonar aparatoso a las generaciones jóvenes al principio del presente milenio: ese trasfondo fue el pavor a la guerra atómica.


Por lo demás, la percepción que Clementina Batalla transmitió de sí misma resume un realismo, una objetividad y una honestidad innegables. Consideró que le correspondió desempeñar un papel muy modesto y así lo dijo; se sabía espectadora de un período decisivo en la evolución del país y a eso se refirió con gran claridad. Finalmente, transmitió a los Estados Unidos, por medio de James Wilkie y a Edna Monzón, sus interlocutores en estas entrevistas, un mensaje de amistad, sincero y positivo, como lo podrán comprobar los lectores.

 

El ssrc Board of Fellowships for Latin America está integrado por estudiosos provenientes de América Latina y de los Estados Unidos.

Véase el Prefacio por Rafael Rodríguez Castañeda (Volumen I, p. xxiii) en el libro de James W. Wilkie y Edna Monzón Wilkie, Frente a la Revolución Mexicana, 17 protagonistas de la etapa constructiva, Entrevistas de Historia Oral. (México, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, 1995) así como el Prefacio por Rodríguez Castañeda en Volumen IV del libro deWilkie y Wilkie, Frente a la Revolución Mexicana: 17 Protagonistas de la Etapa Constructiva; Entevistas de la Historia Oral (México, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, 2004). Las páginas web donde se encuentan estos Prefacios son, respectivamente: www.profmex.org/mexicoandtheworld/volume7/3summer02/prefacio_volumenI.html
      www.profmex.org/mexicoandtheworld/volume10/2spring05/Prefacio.html

James W. Wilkie, “Ideological Conflict in the Time of Lázaro Cárdenas” (Berkeley: University of California: m.a. Thesis in History, 1959).

Cita de James Wilkie en Volumen IV, México Frente a la Revolución, Prefacio por Rodríguez Castañeda, pp. lv-lvi.

Véase la carta de una madre indignada, escrita a la prensa, reproducida en “Sexual Education and Socialist Education,” en James W. Wilkie y Albert L. Michaels, Revolution in Mexico: Years of Upheaval, 1910-1940 (New York: Simon and Schuster, 1969), capítulo 34.

Ibid.

Escritor, periodista, realizador radiofónico; pionero del acercamiento cultural entre México y Québec. Autor, entre otros títulos, de Castillos en la letra (Ed. Universidad Veracruzana, Xalapa, 1986 y 1991) y Tórrido quehacer (Siglo xxi. México, 1994).

En la Introducción al volumen donde publicamos las entrevistas de Historia Oral con Ezequiel Padilla, nos referimos con amplitud a este personaje y citamos pasajes de su autobiografía inédita entre las páginas ccxvi y cclxiv. James W. Wilkie y Edna Monzón de Wilkie, Frente a la Revolución Mexicana: 17 Protagonistas de la Etapa Constructiva; Entrevistas de la Historia Oral. Candidatos y Presidente: Vicente Lombardo Toledano, Juan Andreu Almazán, Ezequiel Padilla, Emilio Portes Gil (México, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, 2004).

México Visto en el Siglo XX; Entrevistas de Historia Oral: Ramón Beteta, Marte R. Gómez, Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Miguel Palomar y Vizcarra, Emilio Portes Gil y Jesús Silva Herzog (México, Instituto Mexicano de Investigaciones Históricas. 1969).

Véase James W. Wilkie, Elitelore (Los Angeles: UCLA Latin American Center Publications, 1974), con el Apendice B sobre Oscar Lewis y “The Study of Popularlore.”

Padilla, Ezequiel. Autobiografía. Original inédito. Versión preparada por Lazlo Moussong y por mí.

Entrevista del 8 de abril de 1964 con James y Edna Wilkie.

Jesús Urueta (Chihuahua, Chih., 1867–Buenos Aires, Argentina, 1920)

Rafael Zubarán Capmany (Campeche, Camp. 1875 – México, D. F., 1948)

Bassols Batalla, Ángel. Geografía. Tomo II. Selecciones de obra, semblanzas, citas y opiniones y Análisis. México, D.F.: Ed. Del Autor, 2005. pp.  88 y 100.

Batalla, Clementina, artículo sobre Narciso Bassols “Aspectos de su vida” en Paz Sánchez, Fernando. Narciso Bassols. México, D.F.: Ed. Nuestro Tiempo, 1987. pp. 81–94.


      En este libro, publicado en homenaje a la memoria de Narciso Bassols, Fernando Paz Sánchez aparece como autor. En rigor fue el compilador, autor de la Introducción y de un discurso in memoriam que presenta a manera de epílogo. Se trata de una obra colectiva que consta de tres partes: I. Testimonios, II. Escritos de Narciso Bassols y III. Unos hechos y algunas ideas. Los testimonios son artículos de Jesús Silva Herzog, Clementina B. de Bassols, Ricardo J. Zevada, Manuel Mesa Arriaga, Ángel Bassols Batalla y Alonso Aguilar Monteverde.

Cruzada por los derechos de la mujer y el niño. Por la paz y la amistad entre los pueblos. Clementina Batalla Torres de Bassols. Vida y obra. Ángel Bassols Batalla [abb] (Compilación y arreglo). Fondo Bio-biliohemerográfico, Publicaciones y Objetos Personales [fbpop] de abb, Talleres Gráficos de Cultura, 2002.

El ssrc Board of Fellowships for Latin America está integrado por estudiosos provenientes de América Latina y de los Estados Unidos.

Los subtítulos y el contenido de los cuatro volúmenes es el siguiente: Volumen I, Intelectuales: Luis Chávez Orozco, Daniel Cosío Villegas, José Muñoz Cota y Jesús Silva Herzog. (1995).Volumen II, Ideólogos: Ramón Beteta, Manuel Gómez Morín, Miguel Palomar y Vizcarra, Germán List Arzubide y Juan de Dios Bojórquez (2001); Volumen III, Líderes políticos: Salvador Abascal, Marte R. Gómez, Luis L. León y Jacinto B. Treviño, (2002), y Volumen IV: Candidatos y Presidente: Vicente Lombardo Toledano, Juan Andreu Almazán, Ezequiel Padilla y Emilio Portes Gil, (2005). México, D.F.: Editorial Universidad Autónoma Metropolitana, Cultura Universitaria.

Considerando el aparato crítico de los cuatro volúmenes de Frente a la Revolución Mexicana, foliado con números romanos, la suma total de la serie asciende a 2,326 páginas.

Bassols Batalla, Ángel. Geografía. Conocer México, conocer el mundo para su transformación. Tomo. I. México, D.F.; Ed. del Autor,  2003. p. 16.

Francisco J. Mújica Velásquez (1884–1954)

Heriberto Jara Corona (1879–1968).

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